Dossier de artículos de Carlos Julio Báez Evertsz sobre la coyuntura electoral de 2020 en RD

¿Quién es el  autor del sabotaje electoral de la JCE?

Carlos Julio Báez Evertsz

Lo importante en el fraude del 16 de febrero no son los presuntos ejecutores materiales del mismo (técnicos informáticos, jueces  y empleados de la JCE, políticos ejecutores de órdenes superiores, espías, etc.), lo realmente importante es quién o quienes han sido las mentes que han ideado el plan criminal contra la “democracia representativa” formal de la RD.

Hay un principio elemental de la investigación criminal, que se encuentra en cualquier manual del género, que señala que el principal sospechoso de un acto criminal es, en principio, el que más puede beneficiarse del mismo. Este principio permite a los investigadores llegar a los autores no sólo materiales sino intelectuales de los crímenes.

El acto del 16 de febrero se puede calificar de “terrorismo político” contra todos los ciudadanos dominicanos en edad de votar y sus consecuencias -para la credibilidad de la ya muy enclenque institucionalidad dominicana-, resulta peor que el uso de la dinamita o de la Goma 2 en actos terroristas violentos.

El PLD en el gobierno se ha caracterizado por una indudable eficacia en el uso y abuso de todos los mecanismos que otorga el poder del Estado (aparatos político-administrativo, represivos, financieros, de manipulación a través de los medios de comunicación y de casi todo el catálogo usual que ha estudiado la ciencia política para las triquiñuelas y fraudes electorales), para mantenerse en el poder.

No me estoy refiriendo a la etapa de Danilo Medina. Me refiero también a la del liderazgo de Leonel Fernández en el PLD. Liderazgo que fue menguando por la acumulación de saberes y experiencias de uno de los fautores del modo de operar arquetípico del PLD, hacia dentro del partido y hacia afuera, hacia la sociedad civil. Es decir, de la ascensión del presidente Danilo Medina.

Leonel Fernández y Danilo Medina fueron las mentes políticas (ambos con equipos financieros y políticos asesorándoles y dándoles ideas y contactos, ¡nadie es tan listo y sabio!, como pretenden los aduladores), que forjaron ese PLD, cuyo ideal de mantenerse en el poder se proyectó en un modelo, el PRI mexicano, con décadas de monopolio del poder.

Ambos han sido los escultores de ese PLD pragmático, hiper oportunista, inescrupuloso hasta límites que llegan a la nausea, creadores de una potente burguesía de Estado que ha saqueado las arcas públicas y endeudado el Estado Dominicano hasta límites desconocidos. Junto a ello y bajo la consigna de que para gobernar hay que enriquecerse al máximo, junto y no contra la “clase capitalista no estatal”.

Con el fin de mantener a esa clase capitalista contenta, han hecho todo lo que a ella le beneficie, subordinando los legítimos intereses nacionales del pueblo dominicano y propiciando una masiva ola migratoria irregular haitiana (para su sobre explotación) que será una de las grandes rémoras del proceso de desarrollo integral y civilizatorio, al que tenemos vocación los dominicanos.

Danilo y Leonel son las dos caras de una misma moneda. No son dos proyectos de país, de partido (PLD), de manera de gobernar, sino una unidad de acero, con un mismo fin: perpetuarse en el poder junto a la camarilla gobernante, teniendo como jefes políticos a ambos, uno haciendo el papel de oposición y el otro desde el Palacio Nacional. 

Si hay choque político entre Danilo y Leonel, es algo personalista o cesarista, ver quien está en el Palacio, no por cuestiones importantes para el destino dominicano y para ellos banales: cómo qué tipo de democracia construimos, cómo disminuir la desigualdad social, como tratar de evitar la inmigración masiva desnacionalizadora, cómo preparar a la RD para que se sitúe  y permanezca como país  importante en el contexto del Caribe e incluso de Centro América y etc.

El atentado de terrorismo político del 16 de febrero tendrá muchos autores secundarios pero la autoría intelectual se reduce –en materia de quién decide qué, cuándo y cómo-, a dos sospechosos principales.  Se trata ahora de que el análisis conduzca a quién es el más perjudicado por la comisión de un acto tan chapucero, que desacredita de manera absoluta a quien se ve de inmediato como el propiciador y que en realidad puede ser una víctima…o no.

El análisis no debe quedarse en la relación externa causal, sino ir a la relación interna dialécticamente relacionada  entre los principales contendientes, sus contradicciones y el movimiento y fluir de sus fuerzas. En ese proceso antagónico por el poder del Estado, si uno de los contendientes queda en ridículo, el otro se ve beneficiado. Salvo que sea una maniobra de una mente que por pasarse de “brillante” haya caído en lo pueril.

Si se sigue esa pista puede conducir al “diabolus et machina” que ha propiciado ese acto de lesa democracia electoral en Quisqueya, el fatídico 16 de febrero de este año.

( 24 de febrero de 2020)

La hora decisiva: la tarea de la Izquierda Democrática                       

Carlos Julio Báez Evertsz

Una tarea imprescindible de la Izquierda Democrática es definir una táctica política democrática solidaria, conforme a la lucha de las clases populares, en un país dominado por partidos cuya meta principal ha sido y es tomar el poder para continuar el festival de la corrupción y del beneficio personal de la casta política.

Por un lado tenemos el arco de partidos que han gobernado el país desde la caída de la dictadura de Trujillo (PR, PRD y PLD que han gobernado aliados con una retahíla de partidos de los cuales citamos a los principales: PRSC,  FNP, PQD, PTD, PCT, y un largo etc. de partidos de izquierdas, marxista-leninistas, derechistas y de oportunistas para todos los gustos.

Queda una franja muy pequeña de partidos ultra minoritarios que mantienen un alejamiento del poder pero sin que su criticidad se refleje en militancia, adeptos o seguidores a sus ideas y propuestas. Quizás ello se deba a que son grupos políticos que se encuentran felices en su “zona de confort”, y no hacen propuestas viables, que sean percibidas por la población como reflejos de la percepción de sus necesidades reales o sentidas.

Cuando en política uno se adelanta tanto a las percepciones de la población uno se ve abocado a jugar el papel del “provocador” que desempeña su papel lo mejor que puede pero a sabiendas que lo que diga o haga no tiene ninguna consecuencia política. Aunque supongo que les dará una gran satisfacción íntima haber descargado su adrenalina, pero, obviamente, eso no es hacer política. Si son de derechas, para el interés de la burguesía, y si son de izquierdas, del “proletariado”. Admitamos que el onanismo también existe en política y es una necedad privarles de sus placeres solitarios.

Cuando se presenta, cada cuatro años, la oportunidad para renovar los cargos a través de las elecciones, se produce un realineamiento en dos ejes: el partido del gobierno y el principal partido de la oposición. Por decirlo, en términos psicológicos, los pesimistas apuestan y hacen alianzas con los gubernamentales y, los optimistas, con el principal partido de la oposición. Esa es una constante política. Cambian los líderes de los partidos, cambian las siglas, unos partidos cambian la orientación de sus alianzas pero el fenómeno es el mismo: una polarización entre el frente de los gubernamentales o de la continuidad versus el frente del recambio.

Ese agrupamiento lo promueve la ley electoral D’Hondt de mayoría proporcional corregida, por una parte, pero es también un habito de comportamiento electoral en RD, votar por quién es percibido que tiene mayor oportunidad de ganar, es decir, agrupar el voto hacia partidos o alianzas de partidos útiles. La “utilidad” es que siempre las opciones son muy similares y por ende las posibilidades de cambios sustanciales se reducen considerablemente. Votar útil es hacerlo por la continuidad no por la alternativa, no por el cambio sustancial.

¿Cómo se producen factualmente las alianzas? Absolutamente en búsqueda del interés de los líderes de los partidos por el método de la subasta: ¿Quién da más? Para algunos partidos se trata de colocar a sus dirigentes en puestos de salida en las listas electorales. Para otros -menos ambiciosos de cargos-, la transacción se basa en cuánto dinero “constante y sonante” aporta el partido dominante de la alianza. Este dinero se supone que va dirigido a emplearse en la campaña electoral, pero su uso es discrecional por los recibidores, que parte lo emplean en la campañas, en dádivas, en compra de votos, en ayudas familiares, a amigos y correligionarios, y una parte sustancial va a asegurar el futuro incierto de esos políticos accidentales, coyunturales o simples mercaderes de ese jugoso negocio que es la política en Quisqueya.

La política, sin ninguna duda el negocio más rentable del país. Un negocio redondo ya que el político no aporta ningún capital, utiliza dinero ajeno (de los contribuyentes), recibe un porcentaje del  presupuesto de obras y contratas sobreevaluadas, y encima recibe un alto salario mensual por esta labor, y normalmente,  si se descubren sus manejos, tiene bastante influencia, poder y dinero, para salir impune de las acusaciones.

Uno se pregunta si esa propensión del dominicano a hablar tanto de política y a ser verbalmente tan politizado, no tiene que ver con una gran inteligencia emocional, muy pragmática: percibe la política como el principal ascensor social. ¿Para qué arriesgar tiempo, formación, trabajo y capital, en emprender empresas diversas, si cualquier criollo listo sabe que la ganancia principal está en pillar un puesto en el Senado, en la Cámara de diputados, o en el amplísimo tren administrativo?

Ahora bien, una de las modas dominicanas es ser hiper crítico con los políticos -aunque siempre aspirando a ser parte de esa “clase política”-, y en ello se olvidan del papel que juegan muchos miembros del empresariado. Es algo típico que los empresarios, sean dominicanos de origen o extranjeros, realicen sus negocios más rentables  utilizando los mecanismos del poder político. El Estado es la vaca nutricia de sus elevados beneficios empresariales. Sea con contratos directos para suplir al Estado con bienes o servicios, ser exentos de manera extraordinaria del pago de impuestos o de tasas, permitirles construir en terrenos no aptos para ello por razones ecológicas o medioambientales, pagarles sobreprecios u otorgarles cualquier privilegio adicional.

Se habla mucho de la corrupción de los políticos-con razón-, pero nada o muy poco de los grandes corruptores del sector privado. Y algo  que tampoco se menciona aunque se produce muy habitualmente,-siguiendo en ello una costumbre  de la política de USA-, es el nombramiento en puestos de relevancia en función de los aportes financieros de empresarios a las campañas electorales de los partidos. Hay empresarios que tienen su cuota de nombramientos preferiblemente en ministerios ligados a la industria, la economía, el comercio exterior.

Otros empresarios tienen incluso hasta poder de veto, vetan  que se nombre o se destituyan de sus cargos a personas de su confianza o a quienes respaldan. Todo ello implica que existe un matrimonio  de interés entre empresariado y políticos que se basa en un apoyo mutuo, en base a un “quid pro quo”: tú me das una cosa a mí y yo te doy algo que te interese a ti. Hay mucha corrupción en la política dominicana, pero también hay muchos corruptores entre el empresariado. Se puede decir con el poeta  que políticos y empresarios en RD son de un pájaro las dos alas.

¿Qué puede esperarse de las elecciones generales de mayo- que se aplazaron por el Covid-19-, al 5 de julio de 2020? La palabra clave es incertidumbre. Después de la perplejidad causada por el sabotaje o terrorismo electoral del 16 de febrero, donde en el voto electrónico se vio que los partidos de oposición no existían como opción de voto, pero si era posible votar por el partido de gobierno, se puede decir que todo es posible en RD.

El resultado de las pesquisas será refutado según cuál sea la conclusión, si hay pesquisas y si se llega a alguna conclusión. Lo que se puede afirmar es que la chapuza ha sido tan grande, tan tercermundista o algo más, que es difícil pensar racionalmente que algo así se pueda haber realizado desde el Gobierno. Y lo digo desde la convicción no de creer en su escrupulosidad a la hora de hacer un fraude sino porque no acierto a comprender que de pronto gente tan hábil y astuta haya podido cometer una torpeza que ronda la debilidad mental absoluta.

También cabe la posibilidad que haya gente tan maquiavélica que sean capaces de urdir una trama tan cantinflesca con fines que resultan indescifrables. También hay otra opción interpretativa, que una parte de los hoy opuestos al Gobierno hayan propiciado tal desmán. Parece extraño hacerlo pero teóricamente hablando hay gente tan enrevesada que puedan intentar rizar el rizo, bajo el mantra de “o yo o el caos”.

Por ende, si en julio hay elecciones, para los que mantenemos una línea política radical a favor de los intereses nacionales  del pueblo dominicano, lo que debemos es asegurarnos que pueda haber una opción electoral que en vista de los últimos acontecimientos, impida que tanto el ala gubernamental del PLD, como el ala disidente de ese partido, de la pretendida FP, separadas o unidas, puedan mantenerse en el gobierno.

Siguiendo el comportamiento político electoral de la RD la conclusión lógica sería apostar por el PRM. Ahora bien, por motivos que tienen que ver sin duda  con aglutinar votos, la dirección de ese partido apuesta por convertirse en un entramado de partidos dónde se produce una unión de fuerzas heteróclitas y yuxtapuestas en sus objetivos, ideas,  modos de proceder.

Con el agravante -salvo ignorancia de mi parte-, de no existir un documento público explícito, puesto blanco sobre negro, de compromiso de  qué harán si accede el Gobierno. No sé si un documento bastaría, ya que la tradición es que los programas y los compromisos se firman y publican con meros fines publicitarios pero desde la convicción de que sólo los imbéciles creen que lo firmado tiene algún valor. Siempre y ya desde el poder se pueden exponer circunstancias atenuantes para no poder cumplir lo prometido o pactado.

Este autor desde larga data ha expuesto su arraigada convicción de que en RD los cambios en el gobierno son beneficiosos siempre, aunque solo sea por aquello que proclamaba Mosca y Pareto, de la circulación de las minorías gobernantes y la redistribución de poder, riquezas y privilegios entre múltiples actores y que no se vaya creando una casta enraizada en el Estado que incluso se arrogue el derecho a nombrar sucesores y heredar puestos en la maquinaria gubernamental. Por tanto, bienvenidos sean los cambios de personal político, aunque sea la escenificación del mismo guion con otros actores sobre el escenario político.

Por una tercera fuerza electoral alternativa

Lo que verdaderamente parece importante políticamente es coadyuvar a crear una tercera fuerza electoral representativa, una coalición de grupos políticos y de individuos progresistas y de reconocida trayectoria democrática y ética, donde nos sintiéramos a gusto todos los disidentes tanto del PLD, el PRM  y de sus múltiples y acomodaticias rémoras.

Los acontecimientos recientes crean unas condiciones objetivas y subjetivas que hace pocas semanas eran impensables. Hoy los acontecimientos nos han hecho avanzar en el tiempo político y lo correcto es llenar el vacío político existente contribuyendo a crear una fuerza popular, de izquierda pero profundamente democrática, dispuesta a cortar la corrupción, a avanzar en la institucionalidad democrática forjando una verdadera división e independencia de los poderes del Estado, con una defensa tenaz de nuestra población dominicana, del territorio nacional y sus fronteras, y de su soberanía nacional.

Hacemos nuestros los objetivos de avanzar en la creación gradual pero sin pausas de un Estado de bienestar social, implementar políticas sociales, educacionales, de salud que mejoren la vida de la gente y disminuyan la brecha de la desigualdad social y económica.

Todo ello dentro de una economía social, dónde se regule adecuadamente la economía aprovechando la inversión privada y empleando la inversión pública para estimular la producción, y dando plenas garantías y seguridad jurídica a las inversiones en RD y la expatriación de beneficios dentro de unas coordenadas de beneficio mutuo, para el inversor y para los intereses nacionales populares.

Nuestra meta es avanzar en el proceso democrático, no medrar. Propiciar una vida digna para todos, no para una minoría. Hacer compatibles las libertades individuales y públicas dentro de la  seguridad ciudadana y el orden público, donde nadie esté por encima de las leyes democráticas. Acabar con la impunidad de algunos privilegiados haciendo realidad la igualdad ante la ley.

La RD no está abocada a desaparecer como pueblo, como nación, porque hay una pléyade de mujeres y hombres dispuestos a hacer realidad el sueño de nuestros padres fundadores  de avanzar hacia las metas de progreso, desarrollo, distribución de la riqueza, fomento del trabajo, del orden, del civismo, de la igualdad jurídica, social y económica. Nuestro modelo es avanzar gradualmente pero sin pausas hacia la creación de una sociedad dominicana dónde tengamos libertad con pan y pan sin dictadura.

Nuestro ideal de sociedad es una que sea una síntesis de las mejores experiencias de las sociedades más igualitarias existentes en el planeta y que han sabido combinar el desarrollo económico, la distribución de la riqueza, el aprovechamiento de todas las iniciativas individuales, de asociaciones de la sociedad civil, y del poder social, con el fin de combinar la socialización de la riqueza producida, con  las más amplias libertades. No nos conformamos con menos que con lo mejor. No nos resignamos a retroceder. Vamos a luchar sin rendirnos nunca para avanzar  hacia las metas más altas que nos permitan el desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo humano de nuestro pueblo.

(27 de febrero de 2020)

¡A votar, contra hundir el país!

Carlos Julio Báez Evertsz

   La Liga Izquierda Democrática de República Dominicana, cuyo fin  táctico es tratar de unir a la mayor brevedad posible, a todas las fuerzas progresistas, socialistas democráticas y de las izquierdas marxista, cristiana y humanista del país, en un Gran Partido de cuadros y de  masas; quiere llevar a cabo una  lucha de clases democrática, pacífica, prolongada, sistemática y pragmática, para forjar una república al servicio de la mayoría social del país. Nuestro fin es buscar siempre el bien común de los dominicanos.

   Nos parece importante expresar-en este momento político crucial, nuestro llamado a los ciudadanos de los barrios populares, de los pueblos, del campo y a los sectores conscientes y verdaderamente democráticos y populares, independientemente de su nivel de ingresos y actividad, manual o “intelectual”, de la producción, de los servicios, del comercio, de los transportes, del comercio,  de las finanzas  y de la administraciones públicas, a acudir masivamente a votar el 5 de julio de 2020. La abstención no es una opción válida, no es útil, no es pragmática y no conduce a nada bueno.

   Durante veinte años (¡20 años!), el PLD, conducidos por Leonel Fernández y Danilo Medina, han gobernado la República Dominicana (RD) a su antojo y sin cortapisas, utilizando el método tomado del PRI mexicano: comprar a todo el que estuviera dispuesto a venderse. Dando a unos cargos políticos, a otros la oportunidad de hacer dinero, y a  los demás  canonjías, sinecuras, privilegios, contratas, subvenciones, exenciones, etc.

  Esto ha ido creando una capa social, que se ha constituido en la CASTA  de la élite peledeísta, una especie de “nueva clase reinante”, una burguesía estatal, a expensas del presupuesto del Estado. El Estado ha sido utilizado como medio fundamental de acumulación de capital y junto a sectores judiciales han tejido una espesa urdimbre de intereses creados para blindar una impunidad absoluta ante la ley y contra el Estado de Derecho.

   Por todo ello, hacemos un llamado a votar CONTRA el PLD.   Los pobres de éste país, deben hacer valer su fuerza y su única fuerza real, en una democracia restringida como la nuestra, es la fuerza de su número, la fuerza de su voto.

    Las mujeres y hombres de Izquierda Democrática, no participamos explícitamente como candidatos en las elecciones, pero pedimos, primero, VOTAR CONTRA EL PLD Y FP, QUE SON LO MISMO. Y segundo, recordar que el PRM –que es quien tiene más oportunidad de ganar, previsiblemente, no defenderá los intereses de los más pobres.

   ¿Qué hacer si eres pobre y no eres un tonto útil de los ricos y de los partidos que defienden a los más ricos? Nuestra conclusión es que los pobres y los sectores conscientes y con una pizca de ética, no nos queda más que una opción: VOTAR POR LOS CANDIDATOS DE ALIANZA PAÍS.

(4 julio de 2020)

Abinader, gobernar en tiempos difíciles

Carlos Julio Báez Evertsz

   Si hay algo que celebrar, destacar y alabar –por encima de toda otra cosa-, es que el 5 de julio de 2020, el pueblo dominicano volvió a dar una lección de madurez democrática en las urnas. No solo por ir a votar en porcentajes elevados sino por hacerlo con libertad, responsabilidad y dignidad.

   También hay que reconocer–con la cabeza fría-, que la actuación de los líderes políticos y gubernamentales del PLD fue ejemplar, al reconocer, aún antes del término del conteo oficial de los votos, el triunfo abrumador en todo el territorio nacional de Luis Abinader.

   Se ha expuesto por el sociólogo y politólogo dominicano, profesor universitario en los EE.UU, Emelio Betances, que Abinader viene a inaugurar en la política dominicana posterior a Trujillo, que por primera vez un empresario, acceda electoralmente a la presidencia de la República.

   Como es sabido, antes de él, la alta magistratura del Estado ha recaído en profesionales  de “clase media”. Algunos como Balaguer y Bosch, reconocidos intelectuales a la par que políticos profesionales, y los demás han sido profesionales, técnicos y políticos de largo ejercicio, aunque algunos con intereses empresariales como Hipólito Mejía.

   Luis Abinader por su curriculum vitae, centrado en el mundo empresarial, que además optó como vicepresidenta por una mujer también empresaria, necesitaba fortalecer su lado “popular”, y eso lo logró con el apoyo de partidos de izquierda como el APD de Max Puig, el Frente Amplio, el PCT y otros. Además de haber obtenido el apoyo de sectores representantes de la clase media profesional, como “Coalición Democrática” y de líderes reconocidos de diversas organizaciones populares. Todos esos apoyos equilibraron la percepción en la opinión pública de su marchamo excesivamente corporativo empresarial.

   El 16 de agosto lo que se traspasará a Abinader es una papa caliente o aún más, un gran marrón: el covid-19 aún no alcanza su pico y no es descartable un incremento de los contagios, ello obligará a tomar medidas drásticas en materia sanitaria y, traerá secuelas económicas. Sin duda aumentará el déficit del Estado, caerá el crecimiento del PIB, se incrementará el desempleo y los más pobres y excluidos sociales verán empeorar más, si cabe, su ya deplorable situación. Habrá, pues, poco espacio para la erótica del poder y mucho de sudor y lágrimas.

   Todo nuevo presidente se ve sometido a una avalancha de peticiones de cargos de sus financiadores, de los miembros de su partido, de los aliados políticos, de las expectativas, siempre grandes y a veces desproporcionadas, de sus sostenedores. Puede decirse que hay que tratar de contentar a todos, a unos de manera inmediata, a otros pidiéndoles paciencia e incluso a algunos con un no rotundo.

   Cuentan el caso de un financiador que exigía un cargo determinado por los millones que había donado. El presidente electo le escuchó. Llamó a uno de sus hombres de confianza y le dijo que le entregará al demandante la suma íntegra de lo que había donado. Al dársela le dijo: Muchas gracias. Aquí tiene su dinero. Y no quiero verle más por aquí. Caso cerrado.

   El Presidente elegido deberá formar rápidamente un Gobierno. El sabrá lo que desea para hacer lo que tiene previsto en su fuero interno. Ahora bien, si algo tiene el acervo de la ciencia política que aportar en estos casos, se puede resumir, en breve, en lo siguiente: el mejor gobierno es aquél que combina sabiamente la experiencia con la novedad, el “amateurismo” del recién llegado a los puestos públicos, con la coraza de los expertos “hombres del estado”, que han desempeñado, por años, puestos en el mismo y conocen al dedillo los intríngulis del Estado.

  La tentación del nuevo gobernante, y más si el mismo es nuevo en cuestiones estatales y de administración pública, es dejarse llevar por los cantos de sirena de quienes tienen un interés objetivo en desembarazarse de todo lo antiguo, como si lo antiguo fuera sinónimo de desechable. Inclusive los muebles, las joyas antiguas, son más valoradas en el mercado por los expertos, que lo novísimo. Salvo, claro, por los horteras.

   En fin, siempre ha sido así con cualquier tipo de gobierno reformista o conservador, liberal o progresista, el equilibrio para hacer un buen equipo de gobierno es combinar en la justa medida tradición e innovación. Experiencia y sangre nueva. Buscar el justo medio entre el adanismo y lo rancio.

( 8 julio 2020)

Sirven para subirlos, no para gobernar

Carlos Julio Báez Evertsz

   La política como actividad dirigida a obtener el gobierno y distribuir los puestos políticos entre los aspirantes a desempeñarlos, se caracteriza por ser una labor en cierto modo ingrata. Obvio, no es fácil unir voluntades, recursos, logística, trabajos sectoriales, comunicación, etc., hacer una campaña-casi siempre de cuatro años sin vacaciones-, y perder las elecciones. Pero tampoco es un camino de rosas ganarlas y acceder al gobierno.

  Siempre ha habido, en todas las generaciones, políticos, en el sentido puro y pragmático del término. Es decir, personas (no importa su género), que al ingresar a un partido o al acercarse a un candidato, lo hacen teniendo como objetivo claro que ellos están allí en búsqueda de una recompensa material: ejercer el poder al nivel más alto que sea posible.

  Escucho a quienes afirman que la política ahora no es como antes. Seguro que no. Tenemos ahora la necesidad de dar un uso inteligente de los medios audiovisuales, de la informática, de las redes sociales, al lado de todo lo tradicional en las campañas electorales. Muchas cosas han cambiado, pero siempre queda algo permanente, inmutable a pesar de las apariencias.

   Hay quienes participan en política o colaboran, aparentemente, por buena voluntad, deportivamente, o por “cuestiones ideológicas”. Y quienes dejan claro, desde el principio, que ellos están allí para dar, sí, pero para obtener algo a cambio. Cuando se pensaba que la política era una “lucha de ideas” esa actitud podría verse como disfuncional, propia de oportunistas, mercaderes. Hoy esto se ha generalizado.

   Creo recordar que el político dominicano al cual le escuché referirse sin tapujos a la política como un medio de mejorar la vida, los ingresos, el estatus personal, de quien hace política, fue –si la memoria no me falla-, Peña Gómez. Inclusive en “Tribuna Demócratica” daba nombres de personas que provenían de estratos muy bajos, económicamente hablando y que gracias a la política, ya usaban trajes, tenían carros, un sueldo adecuado mensual, y podían vivir  en casas mejores y de manera más confortable. La moraleja era clara: para esto sirve hacer política. Peña fue el primer político con una concepción “a la americana” de hacer política en RD, en la etapa postrujillo.

   Tontos éramos los que veíamos la política, como decían Maritain, Mounier etc., como la búsqueda del bien común. No porque en ello hubiera algo errado –que no lo hay-, sino porque se difuminaba de la política el factor de búsqueda y lucha por el poder personal, por el acceso a los puestos y por la contienda para obtenerlos. Algo de lo que la Iglesia tenía ejemplos notables para ilustrarnos, y muy bien, pero no lo hacía.

   Lo cual no quería decir que entre los dirigentes y militantes, de quienes así pensaban, no existieran quienes  tuvieran claro ya el uso pragmático individual de la política para lograr el bien común, con un sí condicional: siempre que sea yo quien administre desde las cimas del Estado el poder para lograrlo. Y esa es la diferencia esencial entre lo que yo llamo el “amateurismo” político biempensante, y la actitud del  denominado “animal político” (da igual cual ideología profese).

  El animal político sabe moverse entre los cortesanos, limpia sacos, aduladores, financiadores y la cohorte de asesores, secretarios, correveidiles, personas para mandados y un largo etc. Y sobre todo, saben dejar sentado que están allí para mandar, para gobernar y para ocupar puestos de relevancia. El candidato y su equipo tienen que tener claro ese mensaje. Ningún animal político deja en nebulosa lo que quiere.

   Un hombre tan inteligente y capacitado técnicamente (entre los primeros de la lista de la ENA, Inspector de Hacienda, brillante “sabelotodo”), Michel Rocard, fundador del Partido Socialista Unificado, que fue de la izquierda radical pero modernizante a integrarse al PSF de Mitterrand. Siempre fue percibido como un futuro Primer Ministro e incluso como Presidente de Francia. A nadie se le hubiera ocurrido ofrecerle un puesto menor. En su etapa de esplendor no lo hubiera admitido. Luego el zorro político Mitterrand lo hizo su primer ministro. Rocard pensó que era su camino al Elíseo. Terminó sus días como eurodiputado en Bruselas.

   Los animales políticos –como ejemplo, Peña Gómez- deben su valor político a sus cualidades personales, excelsas-en su caso- en inteligencia política, en el estilo de oratoria que gusta en un determinado país –yo prefiero el estilo de Juan Bosch, al de Peña y Balaguer, pero me emocioné cuando escuché en directo-yo estaba allí- a Balaguer en la Cumbre de Presidentes Iberoamericanos en Madrid en 1992, en un ¡discurso memorable!-, y en saber hacer “juegos de poder”, en los que o gana o empata, predominantemente.

   Supongo que cada día que pasa los que aspiran a “algo” deben estar viviendo un calvario, a cada Tweet que publica el Presidente Electo designando a un alto cargo, debe suceder una cascada de llamadas y contra llamadas, para ver si ha habido cambios en los “selectos” del círculo más cercano al poder. Interpretaciones de miradas, si los saludos son intensivos, fríos o protocolarios. Todo gesto se interpreta, todo crea, pavor, alegrías o temores abismales. Miedo al qué pasará.

   Lo más terrible de hacer política tan poco institucionalizada en territorio “comanche”, es que todo se convierte en improvisación. Resulta que un grupo de personas tienen décadas luchando diariamente por “su partido”, ven de pronto que  llega un “Ángel” –es un decir- y se posa en las cimas y se gana el favor del candidato. Y encima tienen que aguantar que se les tilde de que son pre-modernos o anticuados.

  Estas “antiguallas” que han luchado 50, 40, 30, 25, 15 años, verán como unos recién llegados, “jovencitos” de 45 a 60 años los pondrán en un museo político-administrativo como figuras decorativas. Esa es la parte de tragedia de la lucha política. Es lo que nunca entenderán los que no han sido formados- o han olvidado- que la  política es una modalidad de la lucha de clases, que es  una lucha por el poder del Estado.

  Y esa lucha por el control del Estado significa -dejémonos de trivialidades-  que los que mueven los hilos políticos no pueden poner el Estado, con lo que significa como punto nodal de miles de millones para negocios de todo tipo, en manos de políticos “amateurs” ni de “veteranos” con principios y ética política. Se requiere otro tipo de personas, ¿cuáles?, gente “de los nuestros” (los suyos, se entiende). Para cubrir esos puestos claves cada grupo de poder o económico tiene sus ungidos o “tapados”.

  Por ello, ruego encarecidamente que mis coetáneos, especialmente, los que han superado hasta ahora el flagelo del Covid-19, sean fuertes y no caigan víctimas de las consecuencias sorpresivas de los nombramientos, que parten de la base de aplicar una vieja ley de la política: “No siempre los que me han sido útiles para subir… Son los que me servirán para gobernar”. 

(23 de julio de 2020)

Cien días y tantos del gobierno de Luis Abinader

Carlos Julio Báez Evertsz

Se ha convertido en una convención que una vez juramentado como Presidente, debe darse un tiempo prudencial para ver cuales son las actuaciones del nuevo equipo de gobierno. Ese período de tregua se ha establecido en cien días, se supone que en condiciones normales. en una situación como la que vivimos en el mundo con la pandemia, quizás ese plazo puede ser mayor.

Aunque cuando se toma la opción de gobernar un país, esto se asume con todas las consecuencias, si se tiene suerte se recibe un Estado en buena situación económica, con tranquilidad social y sin problemas causados por desastres naturales o ambientales. Si es al contrario, también hay que asumir esa carga. Gobernar nunca es fácil, ni en tiempos de bonanza ni en tiempos duros o difíciles.

La idea subyacente en la tregua es que cuando un Presidente asume el Gobierno se encuentra en un momento político con altos niveles de consenso, de apoyos y de expectativas favorables sobre su gestión. Con ese caudal de apoyos, de legitimidad y de autoridad, se encuentra con la fuerza suficiente para tomar las medidas más conflictivas y difíciles. Ni siquiera sus enemigos más acérrimos se atreverían en ese momento enfrentarlo.

Por tanto, en esos tres meses iniciales se puede tener una idea muy nítida de por dónde irá el rumbo de sus decisiones, ya que pasado ese tiempo, en la mayoría de los casos, la popularidad irá menguando, ya que las expectativas que despertó comienzan a disminuir y los apoyos a reducirse. Inclusive entre sus propios seguidores. Sus adversarios pueden ahora comenzar a mostrar “los dientes” e iniciar la ardua labor de reducir sus apoyos, crear dudas sobre su gestión e ir agrupando fuerzas en su contra.

Por ello es tan importante en una estrategia política saber claramente lo que se tiene que hacer para tratar de alargar en el tiempo la popularidad y esperanzas iniciales. En el caso del Presidente Abinader pasados ya los cien días de gracia, podemos saber por dónde se orienta su accionar político al frente del Ejecutivo. En primer lugar, entre su apoyo político principal, el PRM, él ha optado por personas de su confianza política aunque no se hayan distinguido por ser viejos dirigentes venidos del PRD y que luego formaron el PRM. En segundo lugar, se ha decantado por personas cercanas a su grupo de edad, haciendo una especie de corte generacional, dejando a muy veteranos dirigentes en posiciones menos relumbrantes o simplemente en el banquillo de espera.El tiempo dirá si esto es un acierto o un grave error que lo pagará en el futuro próximo muy caro.

Sin duda uno de los asuntos que tienen a los dominicanos con mayor indignación ha sido el robo descarado, el enriquecimiento indebido de los políticos del PLD durante sus veinte años de gobierno. El presidente Abinader ha hecho declaraciones firmadas de que actuará con total firmeza ante los actos corruptos. Obvio, que lo pueda hacer contra los peledeístas corruptos es algo que no está del todo en sus manos sino en el Poder Judicial.

Sin embargo, los presidentes en un sistema presidencialista, tienen mucho poder, por ende, si su intención real es perseguir los delitos, cometidos en pasadas administraciones, algo o mucho puede hacer para que los mecanismos del estado se pongan en marcha para limpiar el país de estos delincuentes de cuello blanco y que la Justicia actúe conforme a las leyes aplicándolas y para ello se requiere dotarla de los medios materiales y humanos para que pueda actuar con eficacia y con agilidad. Una Justicia aplazada no es justicia.

Dice un refrán africano que la Justicia como las serpientes sólo muerden a los descalzos. Si el Presidente Abinader si quiere de verdad dar una muestra de que en RD se terminó el tiempo del abuso y la arrogancia del Poder, debe dar órdenes y mostrar explícitamente que para él nadie está por encima de la Ley. Claro que puede haber consejeros áulicos que le recomienden que no haga eso, que los bomberos no se pisan las mangueras, que hay que pensar en un quid pro quo.

En verdad pienso que hasta que en RD no se haga como en otros países de AL o de Europa, es decir, que se procesen ex mandatarios si se les puede probar que han cometido corrupción, en ese país el Estado de Derecho será una broma para los poderosos. Y claro está no se trata tanto de encarcelar como de expropiar los bienes mal habidos. Para individuos que han demostrado que lo más importante era enriquecerse el mayor castigo es la apropiación no la cárcel, si cuando salgan de ella van a ser millonarios en dólares y euros.

El Presidente y su equipo han hecho en el plano social dos acciones encomiables. Una de ellas es la de poner fin al bochornoso espectáculo balaguerista-peledeísta de las funditas y las cajitas de alimentos, dónde se mezclaba la indignidad de tantos míseros mostrando que hay que rebajarse como persona si se quiere obtener la supervivencia alimentaria por unos pocos días, cuando no hay otra alternativa.

Lo cual era además una fuente de enriquecimiento para sus organizadores. Migajas para el pobre, millones para sus cuentas privadas. Hay que aplaudir ese acto de dignificar pero es aún mejor en el futuro crear empleos temporales o fijos para la gente sin empleo aunque sea en tareas de limpieza de los barrios, de las costas, de obras públicas en los barrios más marginales, y de un programa de “esfuerzo propio y ayuda mutua” en reparar, adecentar, y construir viviendas más dignas en dichos barrios. Y en mantener la limpieza estricta de las calles y recoger los residuos sólidos para evitar la propagación de plagas de ratas y etc.

Por último, es también una acción social de estricta justicia equitativa dar a los cañeros su pensión aunque esta no debe ser selectiva, debe otorgarse a todos los que han trabajado en los Ingenios y puedan demostrarlo. En todo caso 5 o 6 mil trabajadores que vienen reclamando su pensión desde hace largos años es de una falta de sensibilidad política y humana garrafal. El Presidente Abinader tiene una ocasión de oro de mostrar que tiene otro talante: firme, pues, ese decreto de dar a los cañeros la Justicia que se le ha estado esquilmando por años.

Hay un aspecto de la política del Gobierno que parece no adecuarse a los intereses generales del pueblo dominicano, se trata de la política exterior. Ni siquiera en los tiempos de Balaguer se recuerda tal énfasis en en que la RD se convierta en una especie de semicolonia de los USA en cuanto al seguidismo de la política exterior. Más aún si cabe, no tanto en seguir la política exterior del Estado de esa Gran Nación, sino de uno de sus peores gobierno, el de Trump y de su íntimo compañero de ideas, Pompeo, quienes además están ya en una fase de facto de gobierno en funciones.

¿No es más inteligente y más pragmático resistir las presiones de última hora y aplazar declaraciones estridentes contra China y esas muestras de “cerrar filas” alineándose contra el Gobierno de Venezuela? ¿No es cien mil veces más eficaz en política exterior tratar de mediar y ser un interlocutor válido con el gobierno de Venezuela, de la oposición e incluso con el gobierno de Biden para mejorar las relaciones entre ellos, tendiendo puentes, y no haciendo de dinamiteros de tercera fila, en un papel que es contrario a los lazos de amistad y buena vecindad que debe caracterizar la política dominicana respecto a USA, Venezuela y otros vecinos?

Claro, si como dijo un gran creador de opinión dominicano en su estilo sintético si la mejor muralla es una autopista para hacer buenos negocios, no importando todo lo demás que es vital para la RD, supongo que el corolario de esa concepción de la política exterior es ser un un buen servil tío Tom del tío Sam, en todo lo que este crea que es bueno para sus intereses, aunque no lo sea para nuestros intereses.

Ese es mi sucinto balance de los cien días del nuevo Gobierno Dominicano. Deseo se rectifique en lo malo que hace y se intensifiquen las buenas decisiones del Presidente Abinader. Creo que ese es el deseo de la inmensa mayoría.

Torrelodones, 10 de diciembre 2020