Sobre el autor                                  

El autor del libro Por qué soy comunista. Una reflexión sobre los nuevos retos de la izquierda, octubre 2017, Península, España,324 páginas, es Alberto Garzón, un hombre joven de 34 años, que es el coordinador general de Izquierda Unida (IU) y que en las encuestas de los políticos españoles más valorados ha estado situado entre los que cuentan con más simpatías. Esto dice mucho del personaje porque es un miembro dirigente del Partido Comunista de España (PCE) y  coordinador de Izquierda Unida, partidos políticos que no tienen un porcentaje tan elevado de votos y de militantes correlativo a la popularidad de que goza este joven político. Este reconocimiento demuestra que se le valora por su estilo de hacer política, su manera clara y precisa de exposición de los temas y  por el uso de la tribuna del parlamento como diputado.

Alberto Garzón  nació en La Rioja, aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Andalucía y es curioso que no tenga el acento de esa tierra, lo que estimo se debe a la influencia y peso en la socialización temprana, de su madre, que no es andaluza. Garzón estudio Economía en la Universidad de Málaga y tiene un Máster en Economía Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Es autor, además del que se recomienda, de los libros, A pie de escaño, La Tercera República, La gran estafa. En 2011 fue elegido diputado por Málaga siendo el diputado más joven de esa legislatura.

Socialismo científico, política con clases, política española

El título del libro nos recuerda el de Bertrand Russel, Por qué no soy cristiano, Aunque en este caso es expuesto en positivo, Por qué soy, comunista, en este caso. El libro está dividido en tres partes, aparte de la Introducción y las conclusiones. La primera trata de la ciencia y el socialismo, donde se hace un sumario repaso de la historia de la ciencia, el método científico y el carácter científico de las ciencias sociales, y el autor trata temas de física y de filosofía, algo que podría ser normal en “filo-matemáticos” como Russel pero que no es tan habitual entre los políticos y, mucho menos aún, entre los de su generación, dónde se está produciendo un ascenso de individuos cuya enorme ambición no viene avalada por nada de trasfondo intelectual riguroso y sí de experticia en las malas mañas y los chascarrillos propios de la política politiquera, que se aprende en los pasillos y despachos de los que desde muy jóvenes hacen política con un único objetivo trepar a toda costa.

A veces la “nueva política” entendida como ser caras nuevas y de poca edad, no significa más que máscaras de juventud para caras políticas añejas y casposas, por más que se quieran vender, como modernas. Por suerte para España y para la izquierda, los políticos jóvenes de este espacio político, al contrario que lo que ocurre en las derechas, demuestran ser intelectualmente más sólidos y éticamente más apegados a la deontología universitaria y profesional que los de su contraparte de la derecha, vieja y “nueva”.

Desde el espectro de una izquierda plural con alas derechas e izquierdistas, si comparamos a una Nadia Calviño, Meritxell Batet,Irene Montero, Iñigo Errejón, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, entre muchos otros, con una Inés Arrimadas, Alberto Rivera, Begoña Villacis, Toni Cantó, Pablo Casado y etc. La diferencia es abismal, en talento y capacidades, a los representantes de la “nueva-vieja” derecha. ¡Qué pena que ser de izquierdas supone siempre un camino lleno de obstáculos y espinas, y ser de derechas una autopista o viajar en AVE, para obtener logros en política!

Obviamente, mientras el dinero sea lo más importante en política electoral y el apoyo de las grandes empresas y el capital financiero vaya siempre a promover a sus políticos derechistas, el pueblo español en su conjunto es el perdedor y sus intereses se verán afectados, como se puede comprobar por la creciente desigualdad, precariedad laboral y falta de perspectivas de futuro. Y sin embargo, pese a todas esas limitaciones que impone el poder del dinero, el pueblo tiene en su voto el medio para hacer cambiar las cosas y hacer posible que esos talentosos políticos de izquierda tengan un peso más decisivo en lograr una España para todos y no para los auto designados y auto proclamados elitistas, “españoles dignos”… ¿Dignos de qué? Por sus obras, de repudio nacional y popular.

De hecho tanto los que se valoran como clase media como los asalariados que tienen menos ingresos y peores condiciones materiales de vida son clase trabajadora y la conciencia de ésa pertenencia común de clase es lo esencial. Ambos “sectores”serían beneficiados de una política democrática avanzada y el socialismo sería para ellos  el orden social más favorable a sus intereses.

Norbu Gyachung

Escribe Garzón que en tiempos de capitalismo salvaje como el que vivimos, que pretende hacer un capitalismo tipo siglo XIX, la práctica de la democracia se convierte en un obstáculo para la reproducción del capital. Pone como ejemplos de esa cr5eciente contradicción entre capitalismo y democrtacia la pérdida de soberanía de los Estados, la disminución del papel real de los parlamentos, y el auge en la toma de decisiones de las grandes corporaciones multinacionales y también de instituciones supranacionales como la UE. Todo ello frenaría las reivindicaciones democráticas y redistributivas de las clases populares.

Respecto a la UE discrepo del autor. Considero que hay que analizarla de una manera dialéctica, con sus aspectos negativos y positivos, lo importante es que a nivel de los Estados miembros se elijan gobernantes demócratas y socialistas y que de esa manera, con una mayoría progresista, se adopte el modelo social Europeo, no el neoliberal insolidario que se impone cada vez más hoy en día. La UE puede ser muy útil para los pueblos no sólo europeos sino para el resto del mundo, con políticas dirigidas a asegurar una mayor cohesión social en el ámbito europeo y con políticas activas para lograr estabilidad institucional, inversiones productivas y aprovechamiento óptimo de los recursos humanos en los países terceros, especialmente africanos, latinoamericanos y asiáticos.

En la tercera parte del libro el autor trata de la crisis en Europa y en España y como la misma ha incidido en una mayor concentración de la riqueza en un número cada vez menor de individuos, a la vez que disminuye la parte salarial debido a la precarización del trabajo. Examina el auge de los llamados populismos y como se quiere confundir en los mismos a los movimientos populares que luchan para detener los efectos perversos del neoliberalismo, con aquellos grupos fascistoides de extrema derecha y extremo centro. Lo que ocurre que los bautizados populismos de izquierdas no son antidemocráticos ni se oponen a la ampliación de derechos, mientras que los otros sí, aunque tengan en común que son votados por los perdedores de la globalización.

Este texto no es propiamente una recensión del libro sino un comentario que pretender ser una invitación para leerlo. Les aseguro que el lector se sentirá contento de leer este libro de Alberto Garzón, que tiene mucha información, razonamientos y argumentos inteligentes, junto a una conclusión que es un llamado a la esperanza: “Allá dónde haya explotación, habrá lucha, y dónde haya opresión, habrá resistencia. No importarán las etiquetas ni tampoco la diversidad de los sujetos. Allá dónde la explotación derive en miseria, desigualdad, desahucios, carencias básicas y otros obstáculos para el desarrollo de una vida en libertad, habrá contestación.En síntesis, siempre que exista el capitalismo como sistema existirá el comunismo como idea, movimiento y alternativa”.